Damian, su pelo oscuro le caía por delante de la cara pero sin llegar a taparle sus hermosos ojos verdes, Sus facciones eran suaves aunque le hacían parecer más mayor de lo que en realidad era. Siempre llevaba la corbata azul marina del uniforme algo desapretada y los dos primeros botones de la camisa desabrochados lo que dejaba ver que siempre llevaba una camisa por debajo. Siempre llevaba una mano en el bolsillo y la otra sujetaba una carpeta negra que únicamente no estaba con él cuando estaba en la cancha y la sustituía por el balón naranja para convertirse en el mayor anotador del equipo.
Mientras me emboba mirándole llegábamos a la puerta.
De repente, en un instante, en un segundo Annie, Lara, y yo estábamos rodeadas por las demás animadoras histéricas por algo de la competición. Damian fue engullido por los chicos baloncesto los cuales en total tendrían en ese momento unas cuatro pelotas que se pasaban los unos a los otros. Y Alex por el grupo de atletismo, tanto masculino como femenino.
Las animadoras me llevaron como quien dice hasta mi taquilla y a Annie cuya taquilla estaba al lado de la mía. La abrí y comencé a sacar cosas. Vi en el reflejo del espejo de la puerta como la taquilla del otro lado se abría y Damia metía uno de sus brazos para sacar el libro de historia. Era mi oportunidad.
-¿Hiciste la redacción de la segunda guerra mundial?-.
-Claro, ¿te la dejo para que la copies?-.
-Para tu información, ya la hice-dije cerrando mi taquilla de golpe. Aunque el séquito de animadoras me había acompañado antes de llegar a mi taquilla había llegado la abeja reina y todas ellas fueron a lamer le la miel a sus alas, o más bien del pelo rubio teñido, sus labios rojos, sus pestañas de rimel, sus párpados rosados y sus pómulos luminosos y brillantes. Las animadoras con la reina en cabeza se me acercaban.
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