jueves, 25 de agosto de 2011
Capitulo 1 (4ª parte)
-Hola Cristal-.
-Hola Lara, estás guapísima- cada día lo mismo, entonces miró para Damian y le dedicó su mirada más coqueta. Mucho decir tiene que la usaba con cada una de las flores a las que quería arrebatar el polen y el dulce nectar-. Hola Damian. No te había visto- Cristal se fue de mi lado seguida por las vasallas.
-Un día conseguirá que seas de ella y no vas a conseguir evitarlo, lo sabes ¿ no?-.
-Soy completamente consciente de ello. Pero retrasaré el momento todo lo posible-.
Los dos fuimos a historia, aunque sin hablar. En esa clase éramos los únicos integrantes de las animadoras y de los chicos baloncesto, por lo que nos sentábamos juntos, pero aun así apenas hablábamos. En realidad era como si un maniquí vestido con el uniforme ocupara el sitio de al lado, por lo que era como si no hubiese nadie, como siempre con Damian la verdad.
La señora... Ciertamente, no lo sé, no sé como narices se escribe su apellido, apenas lo se pronunciar. La profesora apareció por ahí, tarde como siempre. Saqué un cuaderno y lo puse sobre la mesa al lado del libro. Luego cogí mi móvil y comencé a contestar los mil y un mensajes de las animadoras. Disculpándome por no contestar antes antes alegando una pérdida de cargador.
Lena nos mandaba su conversación con el novio tal cual la habían escrito ambos en el chat por lo que bueno, algunas cosas podía pasar sin saberlas. No necesitaba saber en dónde su nuevo novio (ex-novio en una semana como mucho dos) tenía un tatuaje. Luego de esta indecorosa conversación que Internet no tendría porque aguantar, Annie comenzó a escribir su tarde.
"Fui al centro comercial con Lara y estuvimos comprando, como no, tenemos unos esmaltes de uñas alucinantes, ya los veréis el sábado. Luego fuimos a comprar los pijamas para la fiesta y ya de paso, ropa interior =) ^^ Vosotras me entendéis ;) . En casa pues nada, internet, música, CHICOS"...
Bueno, Annie me incluía en las compras, pero solo porque yo me pasé la tarde en la biblioteca, lugar prohibido para una animadora, y más aún que optaba a ser la próxima capitana. Bueno, prohibido igual resulta excesivo, pero no mirarían muy bien el hecho de que prefiera el olor de un libro al de una colonia de 3.000 euros que olía fatal.
Verdaderamente me gusta animar, hacer coreografías y demás pero a la mayoría de las animadoras ni las aguantaba. Y me tocó mi turno de contestar, pero antes de que pudiera Damian cogió e móvil y comenzó a escribir. Cuando me lo devolvió lo leí:
viernes, 22 de abril de 2011
Capítulo 1, (3ª parte)
Damian, su pelo oscuro le caía por delante de la cara pero sin llegar a taparle sus hermosos ojos verdes, Sus facciones eran suaves aunque le hacían parecer más mayor de lo que en realidad era. Siempre llevaba la corbata azul marina del uniforme algo desapretada y los dos primeros botones de la camisa desabrochados lo que dejaba ver que siempre llevaba una camisa por debajo. Siempre llevaba una mano en el bolsillo y la otra sujetaba una carpeta negra que únicamente no estaba con él cuando estaba en la cancha y la sustituía por el balón naranja para convertirse en el mayor anotador del equipo.
Mientras me emboba mirándole llegábamos a la puerta.
De repente, en un instante, en un segundo Annie, Lara, y yo estábamos rodeadas por las demás animadoras histéricas por algo de la competición. Damian fue engullido por los chicos baloncesto los cuales en total tendrían en ese momento unas cuatro pelotas que se pasaban los unos a los otros. Y Alex por el grupo de atletismo, tanto masculino como femenino.
Las animadoras me llevaron como quien dice hasta mi taquilla y a Annie cuya taquilla estaba al lado de la mía. La abrí y comencé a sacar cosas. Vi en el reflejo del espejo de la puerta como la taquilla del otro lado se abría y Damia metía uno de sus brazos para sacar el libro de historia. Era mi oportunidad.
-¿Hiciste la redacción de la segunda guerra mundial?-.
-Claro, ¿te la dejo para que la copies?-.
-Para tu información, ya la hice-dije cerrando mi taquilla de golpe. Aunque el séquito de animadoras me había acompañado antes de llegar a mi taquilla había llegado la abeja reina y todas ellas fueron a lamer le la miel a sus alas, o más bien del pelo rubio teñido, sus labios rojos, sus pestañas de rimel, sus párpados rosados y sus pómulos luminosos y brillantes. Las animadoras con la reina en cabeza se me acercaban.
Mientras me emboba mirándole llegábamos a la puerta.
De repente, en un instante, en un segundo Annie, Lara, y yo estábamos rodeadas por las demás animadoras histéricas por algo de la competición. Damian fue engullido por los chicos baloncesto los cuales en total tendrían en ese momento unas cuatro pelotas que se pasaban los unos a los otros. Y Alex por el grupo de atletismo, tanto masculino como femenino.
Las animadoras me llevaron como quien dice hasta mi taquilla y a Annie cuya taquilla estaba al lado de la mía. La abrí y comencé a sacar cosas. Vi en el reflejo del espejo de la puerta como la taquilla del otro lado se abría y Damia metía uno de sus brazos para sacar el libro de historia. Era mi oportunidad.
-¿Hiciste la redacción de la segunda guerra mundial?-.
-Claro, ¿te la dejo para que la copies?-.
-Para tu información, ya la hice-dije cerrando mi taquilla de golpe. Aunque el séquito de animadoras me había acompañado antes de llegar a mi taquilla había llegado la abeja reina y todas ellas fueron a lamer le la miel a sus alas, o más bien del pelo rubio teñido, sus labios rojos, sus pestañas de rimel, sus párpados rosados y sus pómulos luminosos y brillantes. Las animadoras con la reina en cabeza se me acercaban.
miércoles, 20 de abril de 2011
Capítulo 1, (2ª parte)
Annie, Alex y yo salimos de casa a nuestra hora por primera vez desde hacia bastante tiempo. Fuimos caminando hacia el instituto sin hablar, cada uno con los cascos metidos en las orejas. Por el camino nos fuimos juntando con algunos compañeros.
-¡Hola Lara!-Me saludó Lena, con su habitual alegría.
-Hola, ¿qué tal?-sabía que solamente esas dos palabras bastaban para que no tuviésemos que abrir la boca en lo que quedaba de trayecto ninguna otra persona excepto ella, que ciertamente no se iba a callar ni aunque la pagásemos por ello. Así que mientras ella contaba toda su tarde y todas sus conversaciones por chat yo pensé en mis propias cosas. Bueno, francamente, en él.
Justo en ese momento aparecía girando una esquina por delante de nosotros.
Como se suele decir, era diferente a todos los demás, era especial y todo eso.. pero claro, ese no era el caso. Él era miembro del equipo de baloncesto y yo una de las animadoras más solicitadas. Lo común sería que estuviéramos juntos y que nuestra relación debería ser la envidiada por todos nuestros compañeros de instituto. Pero no, él era miembro del equipo, pero en las reuniones de la conocida como élite del instituto él estaba como ausente, era como si él que estaba con nosotros en realidad no fuera el real, sino una copia.
-¡Hola Lara!-Me saludó Lena, con su habitual alegría.
-Hola, ¿qué tal?-sabía que solamente esas dos palabras bastaban para que no tuviésemos que abrir la boca en lo que quedaba de trayecto ninguna otra persona excepto ella, que ciertamente no se iba a callar ni aunque la pagásemos por ello. Así que mientras ella contaba toda su tarde y todas sus conversaciones por chat yo pensé en mis propias cosas. Bueno, francamente, en él.
Justo en ese momento aparecía girando una esquina por delante de nosotros.
Como se suele decir, era diferente a todos los demás, era especial y todo eso.. pero claro, ese no era el caso. Él era miembro del equipo de baloncesto y yo una de las animadoras más solicitadas. Lo común sería que estuviéramos juntos y que nuestra relación debería ser la envidiada por todos nuestros compañeros de instituto. Pero no, él era miembro del equipo, pero en las reuniones de la conocida como élite del instituto él estaba como ausente, era como si él que estaba con nosotros en realidad no fuera el real, sino una copia.
lunes, 28 de marzo de 2011
Capítulo 1, (1ª parte)
Salí corriendo de la cama, aunque igual sea mejor decir, salí saltando. Mis pies tocaron el suelo, que aunque de madera, estaba frío en comparación con la temperatura de mi cama. Mi hermana seguía dormida en la cama de al lado.
-¡Annie! Por favor, sal ya de la cama, no quiero volver a llegar tarde por tu culpa-.
-Unos minutitos más-.
-¡NO! ¡Qué salgas de la cama te he dicho!- me acerqué a ella y le quité de encima el edredón nórdico.
-Joba, ¿qué te cuesta?-.
-Una falta de puntualidad más y el aprobado en matemáticas-.
-Mira que eres-dijo, pero la sonrisa de su cara cambiaba el significado de sus palabras por completo.
Salí de la habitación y fui bajando los escalones uno a uno, mirando como cada mañana las fotos colgadas a mi derecha. Mis padres en su boda, mi madre embarazada, dos pequeños bebés dormidos uno junto al otro. Mi madre con nosotras. Mis padres con nosotras ante una tarde con dos velas del número tres, y mi madre embarazada. Annie y yo a los lados de la cuna de Alex y su gran sonrisa en la carita de bebé. Nosotros tres en la playa unos años después. Alex con el uniforme del colegio y Annie y yo antes de nuestro último baile de invierno. Toda mi vida y la de mis seres queridos en una pared.
Entré en la cocina, donde mi madre con una tripa enorme por el embarazo hacía tortitas y mi padre sentado en una de las sillas leía el periódico.
-Bueno días-.
-Hola cariño. ¿Despertaste a Annie?-.
-Sí, pero no se si no se habrá vuelto a acostar-.
-No-la oí contestar antes de que apareciera envuelta en su bata de estar por casa.
-Hola cariño-volvió a decir mi madre.
Las dos nos sentamos a la mesa delante de los platos y vasos vacíos. Mi padre cogió la jarra de zumo y nos lo sirvió antes siquiera de que nos hubiésemos terminado de sentar.
Al rato Alex entró por la puerta principal de la casa todo sudado. Venía de correr.
-Hola chicas. Me ducho y bajo-dijo antes de subir por las escaleras hacía el cuarto de baño.
Mi madre me puso dos tortitas en el plato y otras dos en el de mi hermana, y tres para mi padre.
-Esperad a que baje Alex-.
-Bueno, pues mientras no baja voy a ordenar la habitación- dijo Annie-. Lara, ¿vienes?-.
-Claro-dije levantándome de la silla.
Annie iba delante de mi y abrió la puerta.
Mientras ella conectaba el i-pod me acerqué a la ventana y corrí las cortinas dejando que la luz de la mañana bañara por completo la habitación. Las sillas llenas de ropa, el suelo plagado de pares de zapatos y zapatillas.
-¿Yo los zapatos y tú la ropa?-dije.
-Sí-aceptó ella dándole al play.
La música llenó la habitación y verdaderamente antes de que acabara la segunda canción la habitación estaba completamente recogida.
Saqué del armario mi falda de tablas azul marina, una camisa blanca, una percha en la que estaban la americana y la corbata, las medias y los zapatos. Mi uniforme. Puede parecer horrible pero te salva de muchas cosas como de pensar que ponerte y críticas por tu vestuario.
-¡Annie! Por favor, sal ya de la cama, no quiero volver a llegar tarde por tu culpa-.
-Unos minutitos más-.
-¡NO! ¡Qué salgas de la cama te he dicho!- me acerqué a ella y le quité de encima el edredón nórdico.
-Joba, ¿qué te cuesta?-.
-Una falta de puntualidad más y el aprobado en matemáticas-.
-Mira que eres-dijo, pero la sonrisa de su cara cambiaba el significado de sus palabras por completo.
Salí de la habitación y fui bajando los escalones uno a uno, mirando como cada mañana las fotos colgadas a mi derecha. Mis padres en su boda, mi madre embarazada, dos pequeños bebés dormidos uno junto al otro. Mi madre con nosotras. Mis padres con nosotras ante una tarde con dos velas del número tres, y mi madre embarazada. Annie y yo a los lados de la cuna de Alex y su gran sonrisa en la carita de bebé. Nosotros tres en la playa unos años después. Alex con el uniforme del colegio y Annie y yo antes de nuestro último baile de invierno. Toda mi vida y la de mis seres queridos en una pared.
Entré en la cocina, donde mi madre con una tripa enorme por el embarazo hacía tortitas y mi padre sentado en una de las sillas leía el periódico.
-Bueno días-.
-Hola cariño. ¿Despertaste a Annie?-.
-Sí, pero no se si no se habrá vuelto a acostar-.
-No-la oí contestar antes de que apareciera envuelta en su bata de estar por casa.
-Hola cariño-volvió a decir mi madre.
Las dos nos sentamos a la mesa delante de los platos y vasos vacíos. Mi padre cogió la jarra de zumo y nos lo sirvió antes siquiera de que nos hubiésemos terminado de sentar.
Al rato Alex entró por la puerta principal de la casa todo sudado. Venía de correr.
-Hola chicas. Me ducho y bajo-dijo antes de subir por las escaleras hacía el cuarto de baño.
Mi madre me puso dos tortitas en el plato y otras dos en el de mi hermana, y tres para mi padre.
-Esperad a que baje Alex-.
-Bueno, pues mientras no baja voy a ordenar la habitación- dijo Annie-. Lara, ¿vienes?-.
-Claro-dije levantándome de la silla.
Annie iba delante de mi y abrió la puerta.
Mientras ella conectaba el i-pod me acerqué a la ventana y corrí las cortinas dejando que la luz de la mañana bañara por completo la habitación. Las sillas llenas de ropa, el suelo plagado de pares de zapatos y zapatillas.
-¿Yo los zapatos y tú la ropa?-dije.
-Sí-aceptó ella dándole al play.
La música llenó la habitación y verdaderamente antes de que acabara la segunda canción la habitación estaba completamente recogida.
Saqué del armario mi falda de tablas azul marina, una camisa blanca, una percha en la que estaban la americana y la corbata, las medias y los zapatos. Mi uniforme. Puede parecer horrible pero te salva de muchas cosas como de pensar que ponerte y críticas por tu vestuario.
Prólogo
La última vez que nos habíamos encontrado fue en el funeral de su padre. Recorrí miles de kilómetros únicamente para que ni quisiera verme. No le culpo.
Habían pasado tres años desde entonces y muchas cosas habían cambiado.
El avión aterrizó y baje con calma. No me apetecía mucho llegar, la verdad. Salí de la zona de recogida de maletas y tras atravesar las puertas me encontré con mi familia al completo. Mi madre saludándome entusiasmada con mi hermana de tres años cogida de la mano, mi padre me dedicó una sonrisa y mi hermano se acercó y me abrazó.
-Tranquila pequeñaja-.
-Dios, y dale, yo soy la mayor-.
Por toda respuesta me estrechó más fuerte contra él.
Habían pasado tres años desde entonces y muchas cosas habían cambiado.
El avión aterrizó y baje con calma. No me apetecía mucho llegar, la verdad. Salí de la zona de recogida de maletas y tras atravesar las puertas me encontré con mi familia al completo. Mi madre saludándome entusiasmada con mi hermana de tres años cogida de la mano, mi padre me dedicó una sonrisa y mi hermano se acercó y me abrazó.
-Tranquila pequeñaja-.
-Dios, y dale, yo soy la mayor-.
Por toda respuesta me estrechó más fuerte contra él.
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