Salí corriendo de la cama, aunque igual sea mejor decir, salí saltando. Mis pies tocaron el suelo, que aunque de madera, estaba frío en comparación con la temperatura de mi cama. Mi hermana seguía dormida en la cama de al lado.
-¡Annie! Por favor, sal ya de la cama, no quiero volver a llegar tarde por tu culpa-.
-Unos minutitos más-.
-¡NO! ¡Qué salgas de la cama te he dicho!- me acerqué a ella y le quité de encima el edredón nórdico.
-Joba, ¿qué te cuesta?-.
-Una falta de puntualidad más y el aprobado en matemáticas-.
-Mira que eres-dijo, pero la sonrisa de su cara cambiaba el significado de sus palabras por completo.
Salí de la habitación y fui bajando los escalones uno a uno, mirando como cada mañana las fotos colgadas a mi derecha. Mis padres en su boda, mi madre embarazada, dos pequeños bebés dormidos uno junto al otro. Mi madre con nosotras. Mis padres con nosotras ante una tarde con dos velas del número tres, y mi madre embarazada. Annie y yo a los lados de la cuna de Alex y su gran sonrisa en la carita de bebé. Nosotros tres en la playa unos años después. Alex con el uniforme del colegio y Annie y yo antes de nuestro último baile de invierno. Toda mi vida y la de mis seres queridos en una pared.
Entré en la cocina, donde mi madre con una tripa enorme por el embarazo hacía tortitas y mi padre sentado en una de las sillas leía el periódico.
-Bueno días-.
-Hola cariño. ¿Despertaste a Annie?-.
-Sí, pero no se si no se habrá vuelto a acostar-.
-No-la oí contestar antes de que apareciera envuelta en su bata de estar por casa.
-Hola cariño-volvió a decir mi madre.
Las dos nos sentamos a la mesa delante de los platos y vasos vacíos. Mi padre cogió la jarra de zumo y nos lo sirvió antes siquiera de que nos hubiésemos terminado de sentar.
Al rato Alex entró por la puerta principal de la casa todo sudado. Venía de correr.
-Hola chicas. Me ducho y bajo-dijo antes de subir por las escaleras hacía el cuarto de baño.
Mi madre me puso dos tortitas en el plato y otras dos en el de mi hermana, y tres para mi padre.
-Esperad a que baje Alex-.
-Bueno, pues mientras no baja voy a ordenar la habitación- dijo Annie-. Lara, ¿vienes?-.
-Claro-dije levantándome de la silla.
Annie iba delante de mi y abrió la puerta.
Mientras ella conectaba el i-pod me acerqué a la ventana y corrí las cortinas dejando que la luz de la mañana bañara por completo la habitación. Las sillas llenas de ropa, el suelo plagado de pares de zapatos y zapatillas.
-¿Yo los zapatos y tú la ropa?-dije.
-Sí-aceptó ella dándole al play.
La música llenó la habitación y verdaderamente antes de que acabara la segunda canción la habitación estaba completamente recogida.
Saqué del armario mi falda de tablas azul marina, una camisa blanca, una percha en la que estaban la americana y la corbata, las medias y los zapatos. Mi uniforme. Puede parecer horrible pero te salva de muchas cosas como de pensar que ponerte y críticas por tu vestuario.
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