La última vez que nos habíamos encontrado fue en el funeral de su padre. Recorrí miles de kilómetros únicamente para que ni quisiera verme. No le culpo.
Habían pasado tres años desde entonces y muchas cosas habían cambiado.
El avión aterrizó y baje con calma. No me apetecía mucho llegar, la verdad. Salí de la zona de recogida de maletas y tras atravesar las puertas me encontré con mi familia al completo. Mi madre saludándome entusiasmada con mi hermana de tres años cogida de la mano, mi padre me dedicó una sonrisa y mi hermano se acercó y me abrazó.
-Tranquila pequeñaja-.
-Dios, y dale, yo soy la mayor-.
Por toda respuesta me estrechó más fuerte contra él.
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